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Detroit Pistons

Blake Griffin: el ave fénix de Detroit

El ex de los Clippers está viviendo los mejores momentos de su carrera con Detroit. Lo analizamos.

Blake Griffin
Fuente: NBA.com

“Otra ave sagrada hay allí que sólo he visto en pintura, cuyo nombre es el de fénix”.

El Fénix es un ave mitológica que se consume por acción de su propio fuego cada 500 años, y luego resurge de sus propias cenizas. El poder curativo de sus lágrimas, la fuerza sobrenatural de su cuerpo, el control del fuego y una gran resistencia física son algunas de sus más destacadas cualidades. Símbolo de lo espiritual y lo puro, este individuo siempre estuvo ligado a la inmortalidad y a la reencarnación en todas sus formas.

Según el cristianismo, el Fénix vivía en medio del Jardín del Paraíso y cuando Adán y Eva fueron desterrados por un ángel sagrado, desde su misma espada surgió una chispa que prendió el nido del ave. Por haber sido el único ser vivo que se negó a probar las frutas prohibidas, se le otorgaron poderes como el fuego, la luz y el don de ser inmortal, es así que obtuvo la capacidad de renacer entre las cenizas.



Cada vez que su hora llegaba, el ave cavaba un nido con especias y hierbas de buen aroma y colocaba un huevo que empollaba durante tres días consecutivos para luego arder en el último de ellos. El Fénix se consumía completamente tras quemarse y, tras quedar reducido a cenizas, resurgía de ese mismo embrión más fuerte que nunca, repitiendo el ciclo una y otra vez cada 500 años.

El balance sorpresivamente positivo de Detroit Pistons tiene un culpable principal y su nombre es Blake Griffin. Como la mitológica ave, el número 23 se consumió para volver a nacer y actualmente está jugando la mejor temporada de su carrera (promedia 25,3 puntos, 8 rebotes y 5,4 asistencias), destacándose en todos los apartados estadísticos posibles, mejorando sus porcentajes dentro y fuera de la zona y formando una sociedad con Andre Drummond que ilusiona a todos los fanáticos de la ciudad del motor.

Después de varios años mermados por lesiones, eliminaciones precoces en playoffs y dudas acerca de su talento como líder al frente de un proyecto, Blake se reinventó, potenció sus virtudes y pulió sus defectos para transformarse en uno de los jugadores más completos de la NBA. Forajido y despojado de sus raíces, el interior por fin se convirtió en ese unicornio que todos esperaban que fuera tras su paso por la universidad, y hoy está mejor que nunca.

Director de orquesta

Todo empieza en el eje central para Blake Griffin, donde es colocado para desequilibrar y generar oportunidades tanto para él mismo como para sus compañeros. Mediante acciones de mano en mano con alguno de los bases (Reggie Jackson, Ish Smith o Langston Galloway) o recibiendo directamente el balón tras pequeños posteos, el ex de Clippers lee y aprovecha las ventajas en base a las cualidades de sus rivales. Si lo defiende un pívot más lento busca desequilibrar mediante aclarados y, en caso contrario, si su contrincante es un cuatro o un alero más liviano, lo va llevando gradualmente hacia la zona de tiros libres.



Esta creación de espacios se produce gracias a su mejoría en el apartado de lanzamientos, especialmente su tiro de tres puntos, algo que se le venía reclamando hace muchos años. Actualmente promedia 36,4% desde el triple y es el décimo tercer jugador que más triples anota por partido (156 en total). Sus marcadores ya no le ceden el tiro como antes y deben preocuparse no sólo por contener sus penetraciones y posteos, sino también por su habilidad para anotar con confianza desde la larga distancia, especialmente desde el eje y desde el codo izquierdo.

Fuente: Basketball Reference

Pero no sólo desde el centro de la cancha viene su injerencia. Blake también produce estragos desde las esquinas gracias a su velocidad de piernas y a la habilidad que posee con el balón en sus manos, en donde evita quedarse sin pique y consigue con éxito anotar o recibir la falta, o ambas en algunos casos. Como en el eje, Griffin lee los emparejamientos y castiga en consecuencia, posteándose ante aleros o internos pequeños y desequilibrando con penetraciones o triples frente a pívots más pesados.

Además, su eficiencia cerca y lejos del aro está siendo la mejor de su carrera. A su ya conocido repertorio de up and unders, ganchos, bandejas a aro pasado y bombas le agregó optimización de tiempo y aprovechamiento de oportunidades. No desgasta las posesiones ni fuerza jugadas a su favor como en el pasado, sino que intenta ver los canales y decide anotar o pasar para volver a recibir el balón. Tal es así que en la pintura promedia un 71% de acierto en tiros de campo y sólo falló 93 de sus 326 intentos en dicho apartado. Sus lanzamientos de media distancia fuera de la pintura también viven un gran momento: promedia un 43,9% de acierto en todos aquellos que se encuentran en el radar de tres a diez pies de distancia.

El hermano perdido

Aquella amistad de pura cepa que Blake supo formar con DeAndre Jordan en Los Angeles Clippers volvió a renacer con Andre Drummond. El interior de Detroit Pistons está siendo el Yang del Ying, la salsa que condimenta una de las pizzas más sorprendentes de la Conferencia Este. Tras una temporada de dudas acerca de su cohesión dentro de la cancha, el número 23 adaptó su juego en pos del equipo e inmediatamente todos fueron beneficiados, principalmente el interior. Entre ambos se combinan para promediar 42,9 puntos, 23 rebotes, 2,1 tapones y 2,4 robos. Además, los Pistons son +4,2 puntos mejores cuando ambos están en cancha.

Uno de los principales movimientos de Detroit es el juego en parejas entre Blake y Andre, el cual se basa en picks and rolls que favorezcan a uno de los dos. Si es Drummond el que tiene ventajas, recibe la pelota inmediatamente en el poste bajo, y si Griffin queda con un interior más lento pide un aclarado y actúa en consecuencia.

El dominio del pívot en la pintura es una amenaza constante de la que las defensas deben preocuparse siempre, y es en ese preciso momento en el que el nacido en Oklahoma aprovecha para anotar, lanzando a canasta si su marca está hundida en la zona o penetrando si el defensor del cinco está descuidando la misma.

Otro de los puntos calientes del esquema del equipo de Dwane Casey nace en las esquinas, en donde, como se explicó anteriormente, Blake Griffin se coloca para romper hacia uno de los dos canales, y anotar o asistir en consecuencia. Es aquí donde la lectura de Drummond es síncrona a los movimientos del número 32. Cuando el ala pívot decide ir por el fondo, Andre se abre hacia el eje y espera a la asistencia, a la vez que mantiene a su marca preocupándose por él, mientras que si decide ir hacia afuera, el interior se hunde en la pintura y merodea por línea de fondo, aguardando a lo que haga su compañero.



Síndrome de base

Ya es asiduo que los interiores actúen de organizadores y Detroit Pistons no es la excepción. Como bien se describió en el inicio, el ataque del equipo de Casey nace y muere en Blake Griffin, quien desde el eje entiende cómo y cuándo desequilibrar. Los de la Ciudad del Motor juegan a un ritmo lento y de pocas posesiones, en las que bajan las pulsaciones y atacan las ventajas que se generen en las sucesiones de bloqueos directos del número 23.

Si bien no es un dotado pasador como Nikola Jokic o un lujoso como Steve Nash o Rajon Rondo, Griffin es muy inteligente a la hora de entender cuándo y hacia donde generar el pase, interpretando la situación un instante antes que el resto. Esto le permite ser el máximo asistente del equipo, con 5,4 de promedio durante los 63 encuentros que ha disputado esta temporada. A su vez, es el jugador que más puntos generados por asistencia posee (851).

A pesar de que su ratio de asistencias/pérdidas es uno de los más bajos de su carrera y podría ser mayor (1,54), el nacido en Oklahoma está siendo acompañado como nunca por sus compañeros, que cada vez lo interpretan mejor, entendiendo los espacios en los que colocarse para recibir el balón, explotando las esquinas y los codos con exteriores pequeños como Jackson, Smith y Galloway, y sobrecargando la zona pintada con Andre Drummond.

Actitud en el clutch

Otra de las cuentas pendientes de Griffin era su capacidad para tomar decisiones en los momentos calientes de los partidos, aquellos que separan a los buenos de los grandes jugadores. A pesar de las críticas, Blake dio un pase adelante en frialdad y madurez esta temporada y siempre tomó el mando de su equipo en los minutos finales de encuentros apretados. Contra Houston Rockets, Miami Heat o Philadelphia Sixers anotó puntos claves y hasta se dio el lujo de hacer suya la canasta ganadora frente a la última de las franquicias mencionadas.

Su producción en el clutch también se ve en las estadísticas avanzadas, en donde el de Oklahoma promedia un 45,3% de acierto en tiros de campo durante los últimos cuartos de los partidos y un 50% en aquellos que se van a tiempo suplementario. También sus lanzamientos de tres puntos son dagas que le permiten promediar un 39% de acierto en el último cuarto y un 40% durante las prórrogas que disputó Detroit Pistons.

Mediante ataques de recepción directa en el centro de la cancha o mediante un bloqueo para caer en el poste bajo, Griffin utiliza su velocidad y potencia física para arrastrar a sus rivales hacia sus puntos favorables. Junto con ello, un dominio del centro alto de gravedad de su cuerpo y un sinfín de movimientos de giros, contra giros y demás movimientos de dribbling le permiten desequilibrar constantemente a sus rivales. Además, su confianza para tomar lanzamientos desde media y larga distancia lo convierten en un jugador difícil de ser marcado, que provoca que la defensa deba decidir qué cederle para mitigar su impacto.

Lo mejor por venir

Al igual que el ave Fénix, Blake Griffin se consumió y se reinventó sin que nadie se diera cuenta y hoy por hoy los Pistons están regocijándose por su dicha. Cuando todo parecía perdido y pocos le tenían fe, el número 23 hizo caso omiso y se dedicó a jugar baloncesto, disfrutando, pero madurando en el proceso, guiando a su equipo hacia playoffs tras vastas temporadas de oscuridad.

Su entrenador, sus compañeros, los aficionados y la ciudad entera de Detroit confían en él y éste no tiene miedo de la presión. Griffin por fin está listo para cargar la pesada mochila del líder, soportando las críticas y contestando en la cancha. Paso a paso, jugada a jugada, el interior va a más. Sin más armas que ofrecer que un corazón caliente y una revancha desaforada. Estén listos o no, ahí viene Blake.



Estudiante de comunicación social. Enfermo del básquet y especialista en NBA. Si hay foul que queden marcas. No te tomes la vida demasiado en serio, total no saldrás vivo de ella.

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