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Philadelphia 76ers

Philadelphia 76ers: un monstruo de tres cabezas

Los 76ers han vivido un año lleno de cambios, pero ya se han consolidado como una de las potencias de la liga.

Philadelphia 76ers
Fuente: Rob Carr

Por segundo año consecutivo, los Philadelphia 76ers son el tercer clasificado de la Conferencia Este. El resultado entraba dentro de lo previsto, pero difícilmente nadie habría adivinado en octubre el camino, y los protagonistas, que les han llevado hasta aquí. Los Sixers han presentado hasta tres configuraciones de plantilla distintas esta temporada.



Empezaron el curso con el mismo equipo que tan buenos resultados dio la temporada pasada más Markelle Fultz, prácticamente inédito en su año de novato. La apuesta de Brown fue mover al banquillo a JJ Redick para hacer hueco al base, aunque en las segundas partes era el escolta tirador el que salía de titular y los minutos de Fultz se reducían mucho. El experimento no salió bien y el base jugó su último partido el 19 de noviembre. Pero para ese momento el equipo ya había cambiado.

A Elton Brand no le ha temblado la mano en su primera temporada en las oficinas. Por eso cuando vio la oportunidad de incorporar a un All Star en Jimmy Butler, no dudó en traspasar a Robert Covington y Dario Saric, dos piezas del quinteto titular de la campaña anterior que además eran muy queridos por la afición. La llegada de Butler volvió a cambiar la plantilla, a la que de repente le faltaba profundidad y tiro exterior. Pero a la vez ganaban a un gran defensor y, sobre todo, a un jugador capaz de generarse sus propios tiros, algo que los Sixers habían echado de menos, especialmente en finales de partido apretados.

Y en el trade deadline la franquicia se volvió a mover. En una apuesta ambiciosa, los Sixers incorporaron Tobias Harris, Mike Scott y Boban Marjanovic, a cambio de Landry Shamet, Wilson Chandler, Mike Muscala y su propia elección de Draft del 2020 (protegida para puestos de lotería), la elección de Miami de 2021 sin protecciones, el mejor activo en forma de elección de Draft que tenía la franquicia, y dos segundas rondas de Detroit. También mandaron a Orlando a Markelle Fultz, poniendo fin a uno de los capítulos más extraños de la historia de la franquicia. El riesgo viene de los contratos de Butler y Harris, que finalizarán este verano, lo que podría hacer que Philadelphia perdiese a sus dos nuevas estrellas.

Fuente: Bill Streicher-USA TODAY Sports

¿Y en qué se ha traducido exactamente tanto movimiento? En una falta de regularidad total. No tanto de resultados -51 victorias en total- como de sensaciones. Y también en una ausencia de identidad. Los Sixers de la temporada pasada eran un equipo que jugaba muy rápido, tiraba muchos triples y se movía constantemente sin balón. Apenas jugaba pick and roll y tenía una defensa de élite (tercer mejor rating defensivo).



La franquicia de Philadelphia esta temporada ha perdido posiciones relativas en todos los anteriores rankings, mejorando su eficiencia ofensiva (octava de la liga) principalmente por la gran calidad de sus jugadores, e incrementando progresivamente su juego de bloqueos para adaptarlo a jugadores como Butler. Los de Brett Brown han conseguido ganar en las canchas de los Warriors o Milwaukee, y a la vez perder en casa contra Cleveland. Un equipo repleto de calidad que no siempre parece encontrar la motivación necesaria para esforzarse al máximo, pero sí es capaz de imponerse a cualquiera en una ocasión señalada. Un equipo que sabe que en el fondo su temporada se juega a partir de abril.

A nivel individual, esta campaña ha sido la de la explosión de Joel Embiid. Superadas ya las limitaciones de minutos, y tras su primera offseason completamente sana desde que llegó a la liga, el pívot africano ha firmado unos números -27,5 puntos y 13,6 rebotes- que no se veían desde Shaquille O’Neal en la temporada 1999/2000. Con Embiid en pista, los Sixers son 8 puntos mejores que sus rivales, mientras tienen una defensa de élite. Sin él, la defensa se hunde en la mitad mala de la liga y su equipo es 3,3 puntos peor que sus rivales por cada 100 minutos. Además de sus grandes condiciones físicas y de su calidad y versatilidad ofensiva, es el jugador con más personalidad ganadora de la plantilla, adueñándose de los partidos en momentos clave.

Fuente: USA Today Images

Ben Simmons ha mostrado pequeños progresos en su segundo año. Su problema fundamental, la reticencia a tirar de tres, que se ha convertido en una de las comidillas de la liga, sigue presente, pero el australiano ha conseguido mejorar en anotación y en porcentaje de tiro. Desde el parón del All Star ha acreditado un 64,2% de acierto en el tiro libre, un porcentaje que, pese a seguir siendo bajo, es mejor que el de la temporada anterior y el de la primera mitad de esta. En Playoffs su capacidad para incidir partidos sin tirar en suspensión volverá a ponerse a prueba.

Las temporadas de Jimmy Butler y Tobias Harris, las estrellas incorporadas con el curso ya iniciado, no permiten sacar demasiadas conclusiones. En el caso del primero, que ha disputado 55 partidos con los Sixers, ha estado marcada por las dudas que puede ofrecer su renovación por un contrato máximo en verano y sus salidas de tono y quejas respecto al rol en el equipo. Cuando la cosa ha ido solo de baloncesto, Butler ha convencido en su papel de closer, pero todavía sigue sin haber consenso respecto a qué hacer con él en verano. El caso de Harris, con apenas 27 partidos disputados en los que ha sufrido un bache en su tiro (32,6% en triples), es más sencillo, ya que por su perfil de jugador, capaz de anotar puntos sin necesidad de amasar balón, parece un buen complemento para las dos jóvenes estrellas del equipo. En cualquier caso, ambos ganarán o perderán algún millón en sus próximos contratos en función de su rendimiento en Playoffs.



Completa el quinteto un JJ Redick tan fundamental para el correcto funcionamiento del ataque por la gravedad que genera su movimiento sin balón como negativo en defensa. McConnell sigue siendo uno de los preferidos de la afición por la energía constante que aporta, pero sus limitaciones han quedado expuestas en numerosas ocasiones, especialmente en un final de temporada poco inspirado. Mike Scott y James Ennis se han demostrado piezas de rotación útiles, en detrimento de un Jonathon Simmons que parece bastante disminuido respecto a la buena versión que dio en los Spurs hace apenas dos años.

Boban Marjanovic ha seguido siendo un auténtico dios en las estadísticas por 36 minutos gracias a su facilidad para anotar, pero su escasa movilidad lo hace una opción cuestionable como suplente de Embiid, al menos según para qué emparejamientos. Jonah Bolden presenta un perfil más interesante, al ser más móvil y poder tirar de tres, aunque sigue demasiado verde para ser algo más que una buena opción en la teoría. Zhaire Smith sufrió la ya clásica lesión en los novatos de Philadelphia -aunque en su caso fue especialmente extraña: una infección por alergia al sésamo casi acaba no ya con su carrera sino con su vida- pero llegó a los últimos partidos de la temporada regular. Apunta a ser una buena opción para el futuro, aunque sería raro que tuviera un rol importante en lo que resta de temporada.

Respecto a Brett Brown y al cuerpo técnico hay poco que decir, ya que los constantes cambios en la configuración de la plantilla han impedido que tuviesen el tiempo suficiente para implementar un encaje óptimo entre las piezas. Al igual que alguno de sus jugadores, Brown se jugará su valoración de la temporada en Playoffs. El año pasado fue uno de los señalados en la eliminatoria contra Boston al no poder responder a los movimientos que planteó Brad Stevens. Aunque su puesto parece lejos de estar en peligro, otra actuación tan poco inspiradora sí que podría hacer que fuera perdiendo apoyos entre la franquicia y la afición.

Los Sixers llegan a la postemporada sin el mismo subidón de moral del año pasado, cuando ganaron sus 16 últimos encuentros de fase regular. En el fondo les viene bien, ya que las altas expectativas del pasado curso acabaron jugando en su contra. Conscientes de que no son favoritos y de que tienen mucho futuro por delante, lo único que no se pueden permitir los Sixers es caer con malas sensaciones como ocurrió contra los Celtics. Más allá de eso, tendrán que decidir qué hacer con Butler y Harris. Un buen rendimiento en estos Playoffs podría convencer a la franquicia de extenderles dos contratos máximos y comprometerse para los próximos años con un big four de Embiid, Simmons, Butler y Harris. Podría ocurrir exactamente lo contrario, o algo intermedio, renovando solo a uno de los dos o acordando contratos de menos cantidad y/o duración. En cualquier caso, está claro que estas eliminatorias serán decisivas a la hora de configurar la plantilla de los Sixers para el próximo lustro. Y además, no se puede descartar en ningún momento que den la sorpresa y ganen la Conferencia Este.

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